Pensemos Chile

domingo, 28 de agosto de 2016

No más Filosofía. ¿Cómo no se les ocurrió antes?


Si algo faltaba para completar este declive en el que vamos a buen paso, una noticia aparecida en  la prensa el día miércoles 24 de agosto recién pasado, vino a colocar una nueva pieza a esta arquitectura tipo Frankenstein que el gobierno ha ido construyendo con una constancia que resulta admirable.   

Aquel día se informó que el Ministerio de Educación, si, el mismo, planea, en el marco de la reforma curricular de tercero y cuarto medio,  eliminar la asignatura de Filosofía  y decide, además,  una especie de fusión de la asignatura de Historia con otras materias.

Quizás algunos recuerden que un embate parecido se produjo a inicios de la década pasada, en el gobierno de Ricardo Lagos y cuando la Ministra de Educación era Mariana Aylwin. Si bien no se llevó a cabo la poda, la asignatura de filosofía quedó desde entonces bastante disminuida. Y he aquí que ahora, durante uno de los peores gobiernos de nuestra historia, que además se automoteja de progresista, se vuelve sobre este tema. Debo decir que no me sorprende, aunque me parece que la variedad de problemas en el ámbito educativo es tan grave que este tema podría haberse abordado con mayor calma. Pero claro, cuando no hay brújula y los asesores (muy bien pagados aunque no del todo calificados) abarrotan las oficinas públicas, las "ideas" brotan al compás de la displicencia y el empoderamiento que se entrega a una serie de personas cuyo mayor mérito reside en ser militantes obedientes y con las cuotas al día. (En esto, por cierto, hay honrosas excepciones)

Ante el estupor que esto ha provocado, la señorita Alejandra Arratia, coordinadora de la Unidad de Currículum y Evaluaciones del Mineduc (UCE), señaló algo así como que, la asignatura no desaparece, que se integra a una cosa que se va a llamar "Formación Ciudadana" y que esto sería un reclamo de la ciudadanía.  La noche del mismo 24 de agosto, el ex-rector de la Universidad de Chile, Víctor Pérez, calificó de "delirantes" las reformas educativas de este gobierno y de "febril" la idea de eliminar filosofía. Tras su indignación, el profesor Pérez habló de que, desde hace tiempo, "los gobiernos juegan o insultan nuestra inteligencia". A mí me parece que las declaraciones de la señorita Arratia van en el mismo sentido, son un insulto a la inteligencia.

Hay tres posibilidades, se me ocurre, de examinar esta "luminosa idea".

En primer lugar, que en el Ministerio de Educación hayan recordado y recogido el reclamo del entonces presidente de la CUT, Arturo Martínez, quien señalo, allá por 2011, que la violencia en las manifestaciones callejeras era producto de "cabros" a los que los profesores de filosofía les "metían ideas o leseras en la cabeza". (Al respecto en la primera época de este Blog escribí una columna, fechada el 4 de septiembre de 2011, y que en homenaje a Martínez se titulaba, La Piedra Filosofal. Perdón por la autorreferencia)

En segundo lugar, parece que se pretende privilegiar asignaturas o materias que sean "medibles" en el marco de las evaluaciones internacionales. Esto ya ha sido sugerido por diversas personas que comparten el estupor que ha generado esta idea.

Tras ello subyace este constante afán "globalizador” y la presuntuosa y absurda idea de tener una "educación de clase mundial". La pretensión suena tan descabellada como ridícula. Quizás sea dable pensar que el camino a una nueva forma de dominación lleva harto recorrido con la entusiasta ayuda de tanto sabio que anda dando vueltas por aquí. Precisamente son ellos quienes sostienen, entre otras cosas, que los saberes medibles o asimilables a ese tipo de "clase mundial" han de ser lo que permanezcan. Mezquina ha sido la naturaleza con las personas que sustentan una cosa como esta.

Una tercera hipótesis y, acercándonos a las declaraciones de la señorita Arratia, dice relación con que  la asignatura de filosofía no desaparece sino que sus contenidos se integran a ramos de "formación o participación ciudadana". ¿Qué ha hecho que ahora la "formación ciudadana" aparezca como contenido con tanta insistencia? Me parece que aquí hay un problema que plantearse. Se ha producido en el último tiempo, una acelerada desafección de la gente con las autoridades y con la política. Fenómeno preocupante pero explicable. Se estableció la voluntariedad del sufragio y ahora se plantea tornar a la obligatoriedad. Esto se debe a que ha disminuido dramáticamente el porcentaje de votantes. Se pretende cambiar la Constitución y para ello el gobierno ha montado un paripé, se llaman cabildos, donde la catarata de ideas debiera concluir en que la Constitución tendría que tener varios tomos para albergar tanta opinión que cabalga al amparo del sentido común y de los más propios deseos individuales. El tema constitucional es importante, no cabe duda, pero el mecanismo no parece ser el más feliz. Lo dicho, cabildos, desafección y voto voluntario, parece que llevan a los sabios de Alameda con Teatinos, a levantar la asignatura de “formación ciudadana” ¿Resolverá esto el problema de la desconfianza con el sistema político y convencerá a la gente de ir a votar? Solo alguien con muy pocas luces podría afirmar que algo así podría ocurrir. Muchas de las cosas que acaecen se deben, precisamente a la precariedad y segregación del sistema educativo, cuestión que no ha sido abordada con seriedad y menos en este gobierno, al que la palabra seriedad le queda como poncho, por decir algo.  Un sistema educativo sólido, un sistema público coherente con las necesidades del presente, permitiría que cuestiones como la Constitución, la participación y la responsabilidad con los asuntos públicos se formen tempranamente. Pero claro, ahora se pretende con una asignatura resolverlo todo. La filosofía puede colaborar mucho, pero no siendo absorbida. Un curso de filosofía permitiría abordar una serie de ámbitos del pensamiento y de la experiencia humana en dónde, por cierto, la política, la ética, la creatividad y el razonamiento ocupan un lugar central. No se trata de una postura dogmática, seguramente quienes enseñan  filosofía en la enseñanza media tienen mucho que decir y también, por cierto, examinar críticamente su propio quehacer. Lo que es inaceptable es que este gobierno pretenda resolver el problema de la desafección ciudadana instalando lo que me temo será más bien una  especie de catecismo a los que son tan afectos los asesores, los consultores-expertos y los intermediarios-ciempiés, que tanta gloria han dado a este gobierno. 

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